Habiendo conocido su amor, el corazón del creyente siempre estará inquieto hasta que vea la gloria de Cristo. El punto culminante de todas las peticiones que Cristo hace a favor de sus discípulos (en Juan capítulo 17) es que vean su gloria. Entonces yo afirmo que uno de los beneficios más grandes para el creyente, en este mundo y en el venidero, es la consideración de la gloria de Cristo…

Una meditación habitual en la gloria de Cristo, traerá descanso y satisfacción a nuestras almas. Traerá paz a nuestras mentes, que tan frecuentemente se llenan de temor y de preocupaciones…

Cristo mora en ellos por la fe, pero los creyentes experimentan el poder de su presencia solamente cuando sus pensamientos están llenos de El. Por lo tanto, si queremos ver la gloria de Cristo debemos llenarnos de pensamientos de El y de su gloria en todo tiempo…

Si quisiéramos tener una fe más activa y un amor más grande por Cristo (lo cual daría descanso y satisfacción a nuestras almas), deberíamos buscar el tener un deseo más grande por ver la gloria de Cristo en esta vida…

Un entendimiento por la fe de esta gloria de Cristo acabará con todos los temores y quitará todas las dudas de las pobres almas tentadas. Tal conocimiento será un ancla para mantenerles firmes en todas las tormentas y pruebas de esta vida y en la hora de la muerte…

 

Las citas vienen de John Owen en su libro La Gloria de Cristo (siglo 17)

En esta cita, Lutero describe como la libertad del cristiano se lleva al servicio cristiano. Cuando tenemos libertad en Cristo, tenemos todo en Él: no necesitamos ganar el favor de Dios y por tanto “nos sobran” obras, las cuales podemos realizar en servicio genuino a nuestro prójimo. Si no habríamos recibido esta libertad gratuitamente por parte de Dios en el evangelio, nuestro servicio siempre tendería a buscar nuestro propio interes, porque no tendríamos asegurado el favor de Dios. Por eso la importancia de siempre volver a la gracia de Dios como base de nuestra relación con Él, y de nuestro servicio. Y por eso, el evangelio es la raiz y la fuente de las buenas obras.

[Lutero comienza la cita haciendo referencia a Filipenses 2.1-4]

Filipenses 2:1-4  Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión,  (2)  haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito.  (3)  Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo,  (4)  no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.

Con estas palabras describe el apóstol sencilla y claramente la vida cristiana, una vida en la cual todas las obras atienden al bien del prójimo, ya que cada cual posee con su fe todo cuanto para sí mismo precisa y aún le sobran obras y vida suficientes para servir al prójimo con amor desinteresado. A Cristo presenta el apóstol como ejemplo, diciendo: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo en Cristo”, el cual, siendo pleno de forma divina y teniendo suficiente para sí, sin que necesitara de vida, obras y sufrimiento, para ser justo y salvo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndolo y sufriéndolo todo, no mirando más  que nuestro propio bien; y así, siendo libre, se hizo siervo por causa nuestra.

Así también el cristiano, como Cristo, su cabeza, debe sentirse pleno y harto con su fe, mirando de acrecentarla, porque ella le es vida, justicia y salvación, y le da todo cuanto es de Cristo y Dios, como antes se dijo y el apóstol Pablo escribe: “Lo que vivo todavía en la carne, lo vivo en la fe de Cristo, Hijo de Dios”. El cristiano es libre, sí, pero debe hacerse con gusto siervo, a fin de ayudar a su prójimo, tratándolo y obrando con él como Dios ha hecho con el cristiano por medio de Jesucristo. Y el cristiano lo hará todo sin esperar recompensa, sino únicamente por agradar a Dios y diciéndose:

“bien; aunque soy hombre indigno, condenable y sin mérito alguno, mi Dios me ha otorgado gratuitamente y por pura gracia suya en virtud de Cristo y en Cristo riquísima justicia y salvación, de manera que de ahora en adelante sólo necesito creer que es así. Mas por mi parte haré también por tal Padre que me ha colmado de beneficios tan inapreciables, todo cuanto pueda agradarle, y lo haré libre, alegre y gratuitamente, y seré con mi prójimo un cristiano a la manera que Cristo lo ha sido conmigo, no emprendiendo nada excepto aquello que yo vea que mi prójimo necesite o le sea provechoso y salvador; que yo ya poseo todas las cosas en Cristo por mi fe.”

He aquí cómo de la fe fluyen el amor y el gozo en Dios, y del amor emana a la vez una vida libre, dispuesta y gozosa para servir al prójimo sin miras de recompensa. Porque así como el prójimo padece necesidad y ha menester de aquello que a nosotros nos sobra, así padecíamos nosotros mismos también gran necesidad ante Dios y hubo de socorrer la gracia. Por consiguiente, si Dios nos ha socorrido gratuitamente por Cristo, auxiliemos nosotros también al prójimo con todas las obras de nuestro cuerpo.

fuente:

http://www.fiet.com.ar/articulo/la_libertad_cristiana.pdf (cita de párrafos 26-27)

Había una vez en un antiguo reino un jardinero que cultivó una enorme zanahoria en su huerto. Fue al palacio y se la ofreció al rey, diciéndole: “Mi Señor, esta es la mejor zanahoria que haya producido nunca mi huerto. Recibidla como prueba de mi amor.” El rey se conmovió y, leyendo su corazón, dijo al jardinero mientras este se giró para salir, “¡Espera! Evidentemente eres buen mayordomo de la tierra. Tengo tierras al lado de las tuyas. Te las doy libremente como un regalo, para que cuides de todo.” El jardinero se asombró y volvió alegre a su casa.

Pero hubo un noble en el corte del rey quien, al escuchar la conversación del jardinero, pensó: “oye, si ésta es lo que se recibe por una mera zanahoria, ¿qué no daría el rey por algo mucho mejor?” Asi que al día siguiente llevó ante el rey un precioso caballo y le dijo: “Mi Señor, este es el mejor caballo que haya habido nunca en mis establos. Recibidlo como prueba de mi amor.” Pero el rey leyó su corazón; así que, dándole las gracias, aceptó el caballo y despachó al noble. Cuando el rey vio la expresión de sorpresa en su cara, le dijo: “Déjame explicártelo. El jardinero me dio a mí la zanahoria, pero tú intentaste darte el caballo a ti mismo.”

Ilustración atribuida a Charles Spurgeon, citado por Tim Keller en Gospel in Life (p.17)

 

La vida cristiana consiste en gran parte de una comprensión creciente del carácter de Dios – su grandeza, su santidad, su justicia, su amor y misericordia – por un lado y una comprensión creciente de nuestro propio naturaleza – nuestra pequeñez, corrupción, y condición torcida por el pecado – por otro.

Como dijo Calvino, “casi toda la suma de nuestra sabiduría, que de veras se deba tener por verdadera y sólida sabiduría, consiste en dos puntos: a saber, en el conocimiento que el hombre debe tener de Dios, y en el conocimiento que debe tener de sí mismo.”

Crecer en este conocimiento en que vemos a Dios cada vez mas grande y a nosotros cada vez mas pequeños, debe llevarnos a comprender y apreciar más la cruz, es decir la obra de Jesucristo para reconciliarnos y acercarnos a Dios. La imagen que sigue pretende comunicar precisamente esto: un creciente conocimiento de Dios y de nosotros mismos nos llevará a comprender y maravillarnos en la cruz. Como dijo Pablo, “Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo.” (Gal 6:14 LBLA)

Y esta comprensión crea en nosotros una humildad y una confianza. Así lo expresa Tim Chester en su libro The Ordinary Hero:

El perdón de la cruz crea una confianza humilde en los que creen. Puede que hablar de ‘confianza humilde’ suene como una contradicción. Como hielo caliente. O un desierto en flor. Pero nuestra humildad y nuestra confianza se dirigen en direcciones diferentes.

Nuestra confianza viene de mirar a Dios a la luz de la cruz. En la cruz vemos la gran declaración del amor de Dios hacia nosotros, y la realidad legal de ese mismo amor. Descubrimos allí que ya no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Y esto nos da confianza ante el pecado, el sufrimiento y la muerte. De hecho es esta confianza la que nos permite ser humildes porque no necesitamos reafirmarnos a nosotros mismos.

Por otro lado, nuestra humildad viene cuando aprendemos a mirarnos a nosotros mismos a la luz de la cruz. Allí descubrimos que somos rebeldes contra Dios. Cuando se nos presenta la oportunidad, asesinamos a nuestro Creador. Somos así. Descubrimos que necesitamos la gracia desesperadamente. Aprendemos la humildad. Así que cuando vemos a alguien cuya vida es un completo desastre, no le vemos como a alguien inferior a nosotros. En realidad nos estamos viendo a nosotros mismos. Lo que vemos no es más que a un pecador totalmente necesitado de la gracia de Dios, como de hecho lo somos todos y cada uno de nosotros.

Fuentes:

Calvino, Institución de la Religión Cristiana, Libro I, I.1

Tim Chester, The Ordinary Hero (IVP 2009) pp.32-33 (en inglés)

“¿Te das cuenta de que gran parte de tu infelicidad en la vida se debe a que te escuchas a ti mismo en lugar de hablarte a ti mismo?”  (D.M. Lloyd-Jones)

“La orientación evangélica es interna y subjetiva. Somos mucho mejores mirando hacia dentro que mirando hacia fuera. En su lugar, necesitamos gastar nuestras energías admirando, explorando, exponiendo y ensalzando a Jesucristo.” (Sinclair Ferguson)

“Martín Lutero escribió: “[La justicia de Cristo] está por completo fuera y encima de nosotros.” Es por eso que necesitamos dejar de mirar hacia dentro y hacerlo hacia fuera a la obra de Cristo en nuestro comportamiento…. Y podemos hacer esto sin importar cómo nos sintamos, pues el
evangelio existe independientemente de nosotros. El propósito del evangelio… es “proclamar los acontecimientos salvadores”, que no pueden ser afectados por ninguna cosa que perturbe nuestras emociones. El evangelio es objetivo.” (CJ Mahaney)

citas de La Vida Cruzcéntrica de CJ Mahaney, pp.45-48

Sí, necesitamos predicar el evangelio a nosotros mismos cada día.

Esta es la primera entrada en lo que espero que sea una serie de recomendaciones de recursos bíblicos y teológicos.

http://bestcommentaries.com

Es el mejor sitio para visitar para recomendaciones de cuales son los mejores comentarios bíblicos (en inglés) sobre cada libro de la biblia. Es una herramienta imprescindible para saber cuales son los comentarios que valen la pena y cuales no! Recoge las evaluaciones de los excelentes New Testament Commentary Survey por D.A. Carson y Old Testament Commentary Survey por Tremper Longman y de muchas más fuentes también. Lo he usado varias veces cuando he necesitado comprar un comentario para profundizar en algún libro bíblico, y es realmente de mucha ayuda.

Los fines del tiempo devocional expuestos en la siguiente entrada (sacada del blog de Desiring God) nos acuerdan del valor del esfuerzo y de la disciplina en la cultivación de nuestra relación con Dios, un esfuerzo que dará frutos tanto en el día a día como al largo plazo:

El anhelo por la comunión íntima con Dios es algo que proviene de Dios. Él lo satisfará completamente algún día. Y el Espíritu nos permite gustar de un anticipo ocasional. Pero Dios tiene otros fines para nosotros en la meditación y oración diarias. Éstos son algunos:

  1. Ejercicio del Alma (1 Corintios 9:24, Romanos 15:4): Nosotros ejercemos nuestros cuerpos para aumentar fuerza y resistencia, promover la salud general, y evitar peso innecesario. El tiempo devocional es como el ejercicio de nuestras almas. Desvía nuestra atención de las distracciones y búsquedas decadentes, y la dirige hacia los propósitos y promesas de Dios. Si descuidamos este ejercicio, nos encaminamos a la ruina.
  2. Moldear el Alma (Romanos 12:2): El cuerpo generalmente toma la forma según se lo ejerce. El trotar moldea de una manera, entrenamiento con pesas de otra. Lo mismo es la verdad para el alma. Se ajustará a la forma en que lo ejercemos (o no).
  3. Abundancia Bíblica (Salmos 119:11, 119:97 Salmos, Proverbios 23:12): El empaparse de la Biblia profunda y repetidamente a lo largo de los años aumenta nuestro cuerpo de conocimientos bíblicos, suministrando combustible para el fuego de la adoración y aumentando nuestra capacidad de extraer de todas las partes de la Biblia al aplicar la sabiduría de Dios a la vida.
  4. Entrenamiento para la Lucha (Efesios 6:10-17): Los soldados se someten a un riguroso entrenamiento con el fin de arraigar el conocimiento de sus armas. Así, cuando de repente se enfrentan con el caos del combate, instintivamente saben qué hacer. Del mismo modo, el tiempo devocional nos convierte en guerreros más hábiles.
  5. El Cultivo de Deleite (Salmo 37:3-4, Santiago 4:8, Salmo 130:5): Cuando una pareja se enamora hay fuegos artificiales hormonales. Pero en el matrimonio deben cultivar el deleite mutuamente. Es la búsqueda constante, persistente, fiel, intencionada, y cariñosa el uno del otro en el bien y el mal, en riqueza y en pobreza, en enfermedad y en salud, que cultiva una capacidad para el placer mucho más profunda y más rica que la fase de fuegos artificiales. Del mismo modo, el tiempo devocional es una manera de cultivar el deleite en Dios. Muchos días puede parecer aburrido. Pero vamos a ser sorprendido del poder acumulativo que tiene para profundizar nuestro amor por y conocimiento de Él.

Fuente: http://www.desiringgod.org/blog/posts/el-tiempo-devocional-no-es-magico