En esta cita, Lutero describe como la libertad del cristiano se lleva al servicio cristiano. Cuando tenemos libertad en Cristo, tenemos todo en Él: no necesitamos ganar el favor de Dios y por tanto “nos sobran” obras, las cuales podemos realizar en servicio genuino a nuestro prójimo. Si no habríamos recibido esta libertad gratuitamente por parte de Dios en el evangelio, nuestro servicio siempre tendería a buscar nuestro propio interes, porque no tendríamos asegurado el favor de Dios. Por eso la importancia de siempre volver a la gracia de Dios como base de nuestra relación con Él, y de nuestro servicio. Y por eso, el evangelio es la raiz y la fuente de las buenas obras.
[Lutero comienza la cita haciendo referencia a Filipenses 2.1-4]
Filipenses 2:1-4 Por tanto, si hay algún estímulo en Cristo, si hay algún consuelo de amor, si hay alguna comunión del Espíritu, si algún afecto y compasión, (2) haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito. (3) Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, (4) no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás.
Con estas palabras describe el apóstol sencilla y claramente la vida cristiana, una vida en la cual todas las obras atienden al bien del prójimo, ya que cada cual posee con su fe todo cuanto para sí mismo precisa y aún le sobran obras y vida suficientes para servir al prójimo con amor desinteresado. A Cristo presenta el apóstol como ejemplo, diciendo: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo en Cristo”, el cual, siendo pleno de forma divina y teniendo suficiente para sí, sin que necesitara de vida, obras y sufrimiento, para ser justo y salvo, se anonadó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndolo y sufriéndolo todo, no mirando más que nuestro propio bien; y así, siendo libre, se hizo siervo por causa nuestra.
Así también el cristiano, como Cristo, su cabeza, debe sentirse pleno y harto con su fe, mirando de acrecentarla, porque ella le es vida, justicia y salvación, y le da todo cuanto es de Cristo y Dios, como antes se dijo y el apóstol Pablo escribe: “Lo que vivo todavía en la carne, lo vivo en la fe de Cristo, Hijo de Dios”. El cristiano es libre, sí, pero debe hacerse con gusto siervo, a fin de ayudar a su prójimo, tratándolo y obrando con él como Dios ha hecho con el cristiano por medio de Jesucristo. Y el cristiano lo hará todo sin esperar recompensa, sino únicamente por agradar a Dios y diciéndose:
“bien; aunque soy hombre indigno, condenable y sin mérito alguno, mi Dios me ha otorgado gratuitamente y por pura gracia suya en virtud de Cristo y en Cristo riquísima justicia y salvación, de manera que de ahora en adelante sólo necesito creer que es así. Mas por mi parte haré también por tal Padre que me ha colmado de beneficios tan inapreciables, todo cuanto pueda agradarle, y lo haré libre, alegre y gratuitamente, y seré con mi prójimo un cristiano a la manera que Cristo lo ha sido conmigo, no emprendiendo nada excepto aquello que yo vea que mi prójimo necesite o le sea provechoso y salvador; que yo ya poseo todas las cosas en Cristo por mi fe.”
He aquí cómo de la fe fluyen el amor y el gozo en Dios, y del amor emana a la vez una vida libre, dispuesta y gozosa para servir al prójimo sin miras de recompensa. Porque así como el prójimo padece necesidad y ha menester de aquello que a nosotros nos sobra, así padecíamos nosotros mismos también gran necesidad ante Dios y hubo de socorrer la gracia. Por consiguiente, si Dios nos ha socorrido gratuitamente por Cristo, auxiliemos nosotros también al prójimo con todas las obras de nuestro cuerpo.
fuente:
http://www.fiet.com.ar/articulo/la_libertad_cristiana.pdf (cita de párrafos 26-27)